Si quieres sentirte segura, no deposites toda tu confianza en alguien que no sea en Dios o en ti misma. La inseguridad viene cuando nos conformamos, comprometemos nuestros sueños, limitamos nuestras ideas y aceptamos que nos avasallen y controlen. Tenemos que aprender a ser nosotras mismas, caminar libremente y sanar los miedos. Para lograr sentirte segura y libre, tienes que: concientizarte, reconocerte y aceptarte.

Concientizarte es cobrar conciencia de cómo nos sentimos y cómo nos gustaría cambiar nuestra vida. Si no tomamos conciencia, los sentimientos nos dominarán y será muy difícil expresar con claridad lo que queremos. Muchas mujeres pasamos por la vida tratando de contentar a los demás, sin pensar en lo que necesitamos o queremos. Por supuesto, cuando comienzas a clarificarle a los demás tus sentimientos y necesidades, te tildan de egoísta. No te preocupes. Por causa de la programación de la niñez, a veces nosotras mismas nos sentimos egoístas cuando exigimos respeto o ponemos en claro nuestras reglas del juego. Créeme: suprimir los deseos, las necesidades y los sentimientos puede causarte más daño a ti que a los que están a tu alrededor.

Comienza a preguntarte, ¿qué estoy sintiendo? ¿Por qué me siento así? ¿Es un sentimiento familiar? ¿Cómo me limita? ¿Qué me asusta? ¿Qué me preocupa?

La libertad comienza cuando sabemos lo que sentimos. El análisis efectivo es crucial para que le des un codazo a las circunstancias que te limitan y te comprometen. Analizar las situaciones y tomar control de tus acciones te mantendrá con los ojos abiertos. Te permitirá hacer tus planes en forma efectiva y con seguridad. La clave para sentirte segura es asumir tus responsabilidades.

Por su parte, reconocer de forma honesta, nuestras emociones, cuerpos físicos, capacidades intelectuales, aptitudes sociales, creencias e inseguridades, rompe con una atadura emocional. Nos ayuda a conectarnos con los demás y con nosotros mismos. Personalmente sé que la mejor manera para reconocer mis miedos y aclarar mis incertidumbres es hablar en voz alta conmigo misma.

Cuando tengo que resolver un conflicto con alguna persona, evito hacerlo en el momento que surge. Me conozco y sé que en el momento de coraje, si digo o hago algo, no voy a ser efectiva ni inteligente. Tengo que alejarme. Me toma tiempo calmar mi mente y mi emoción negativa. Acostumbro hablar sola en el auto, en mi baño y en mi cuarto, hasta que logro clarificar lo que siento, por qué lo siento y cómo lo voy a enfrentar.

Por eso es importante conocerse y tomar conciencia de la forma más cómoda y natural
de reconocer lo que nos pasa. Muchas personas se desahogan escribiendo. Otras toman un lugar para respirar o hacer ejercicios. Cada ser humano es un mundo, pero entiende, tú tienes el poder de decidir cómo vas a reaccionar, cuándo y cómo. Es importante reconocer nuestra válvula de escape. Aprende a manejar la frustración y el coraje para
ser una persona efectiva y más segura cada día.


Las emociones, en esencia, son impulsos para actuar la palabra. "Emoción" viene del verbo latino "mover", lo que sugiere que en toda emoción hay una tendencia a actuar. En nuestra mente, interactúan la mente racional y la mente emocional. La primera es reflexiva, analítica, estudiosa y es la parte que medita. La segunda tiene la habilidad de motivarse, persistir frente a las decepciones y controlar los impulsos. Evita los arranques de humor y los trastornos que disminuyen la capacidad de pensar, demostrar empatía y abrigar esperanza.

Alguna vez te has preguntado, ¿cómo una persona tan inteligente pudo hacer algo tan irracional y tan estúpido? La respuesta es que la inteligencia académica tiene poco que ver con la vida emocional. Las personas más brillantes pueden hundirse en peligros, pasiones desenfrenadas e impulsos incontrolables.

Según los estudios sobre esta materia, el coeficiente intelectual contribuye 20 por ciento al éxito de la vida y el 80 por ciento lo aportan las otras fuerzas como la inteligencia emocional, la inteligencia interpersonal (capacidad para comprender a los demás) y la inteligencia social. Estudios también afirman que hay una independencia entre la inteligencia emocional con respecto a la académica, y que hay poca o ninguna relación entre las notas o el cociente intelectual y el bienestar emocional de las personas.

Una persona puede tener un doctorado en cualquier especialidad y ser un analfabeta emocional. De ahí viene la importancia de cuidar nuestras emociones y calibrar nuestro carácter. La Biblia le llama tolerancia, templanza, paciencia, benignidad, paz, gozo, mansedumbre, bondad y amor.

Por último, acepta tus sentimientos tales cuales son. Verás que se va a desarrollar en tu interior un cambio que te conducirá al crecimiento emocional y espiritual de tu vida y la de tus semejantes. Si tienes coraje y alguien te pregunta, simplemente dile: "Sí, estoy enojada, estoy furiosa". Si te preguntan por qué y sabes la respuesta, dícela. Si tienes coraje y no sabes por qué estás tan enfadada, sé sincera contigo y dile: "Todavía no he descubierto la verdadera razón por la cual estoy tan furiosa".

Aceptarse a sí mismo, tal cual uno es, es un acto libertador y perdonador. No te da permiso para quedarte en las actitudes que sabes que son negativas, pero te da la herramienta para comenzar a hacer los ajustes necesarios para vivir una vida mejor.

Una maravillosa manera para desarrollar seguridad en ti misma es pensar en algo que hiciste mal. Piensa y di a ti misma que hiciste lo mejor que pudiste en ese momento. Perdónate y cree que no volverás a cometer el mismo error dos veces. Eso es aceptación. No esperes tener sentimientos mágicos de libertad y de paz interior. Ten paciencia contigo y procura desarrollar paciencia y aceptación con los demás. El salmista dijo: "Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre" (Salmo 125:1).

Dios es digno de confianza. El hombre falla, pero Dios es fiel. Él puso en cada ser humano las herramientas necesarias para vivir una vida segura y en abundancia. Tenemos que aprender a confiar en nuestras capacidades. Dios nos dio un cuerpo, intelecto, emociones, y nos hizo seres gregarios. Si desarrollamos cada una de estas áreas y las fortalecemos, estaremos seguros y viviremos confiados.


--Extracto tomado de Una mujer con poder interior de Magali Font. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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